Supongo que como van las cosas, tenía que pasar. El viernes llegué a la casa como a las siete de la tarde. Me recibió mi mamá.
—Ay, mi amor, ¿qué milagro que llegas temprano?
—Es que hoy no tuve ensayo. ¿Cómo le fue madrecita?
—Bien—dijo en automático. Luego hizo una pausa. —No te creas, no tan bien.
—¿Por qué? ¿Qué pasó?
—Pues ahí tienes que como a medio día estábamos Larita y yo aquí. De repente se oyó “ta-ta ta-ta-ta”. Eran balazos y se oyeron bien cerquita. Aquella luego luego se quería arrancar para ver qué había pasado, pero le dije: “espérame, deja voy yo primero”. Le dispararon al licenciado que vive aquí a la vuelta.
—¿Cuál licenciado?—pregunté. La verdad es que como solo hay un lote vacío frente a nuestra casa a los únicos vecinos que trato son a los que están del lado izquierdo de nuestra casa. Del lado derecho, desde hace ya varios años hay un negocio de no sé qué, con quienes solo interactuamos cuando ellos o nosotros invadimos la cochera del otro, impidiendo la pasada.
—El que vive aquí dando la vuelta, como a dos casas. Salió a ponerle la alarma a su auto porque se acordó que hace algunos días le habían robado. Y cuando salió le dispararon. Y con sus hijos adentro de la casa, fíjate. Lara me alcanzó ahí. Lo tocó y me dijo: “Mamá, todavía está caliente”, así que le tomé el pulso. Todavía estaba vivo. Les gritamos a otros que le hablaran a una ambulancia. Lo hicieron, pero ya ves cómo tardan. Yo me estuve ahí agarrándole la mano. Lara le estuvo hablando. Diciéndole que no se preocupara, que sus hijos estaban bien, que ya venía ayuda. Los niños estaban en la casa y gritaban: “¿Qué le pasó a mi papi? ¡Que no le hagan nada a mi papito, es el mejor papito del mundo!”. Pobrecitos. Salieron de la casa y les dije: “Vénganse, vamos a rezar”. Pero ya para cuando llegó la ambulancia ya había muerto.
—¿Cuánto tardó en llegar?
—Como veinte minutos, no sé—. Podía ver en su expresión que para ella había parecido una eternidad. Algo inexplicable, especialmente porque vivimos como a solo uno o dos minutos del Seguro Nuevo. —Larita se quedó cuidando a los niños hasta que llegaron la mamá y una prima. Luego las estuvo ayudando porque estaban tan alteradas que no podían ni marcar el teléfono para avisarle a otros familiares. Para entonces los soldados ya no la querían dejar ir hasta que despejaran todo. Ya te imaginarás qué tan en gracia le cayó.
—¿Y andaba metido él en algo, o por qué?
—No. Lara le preguntó a algunos abogados amigos de ella si lo conocían, y de los que sí, todos dijeron que no andaba en nada de eso, que era muy buena persona. Que había otro abogado con el mismo nombre, así que quizá lo confundieron.
El resto de la tarde me quedé pensando. Primero en qué hubiera hecho yo si hubiera estado en casa cuando todo esto pasó. Conociéndome, probablemente habría salido sin cautela pero con cuchillo en mano, aunque fuera para poder dar seña de quién había hecho tal cosa. Mi pensamiento siguiente fue que, de haber tenido un arma, aunque fuera una pistola, quizá hubiera podido hacer algo más. Carajo. Pero la vida es sabia. Por algo suceden las cosas como lo hacen.
Luego, comencé a pensar en qué habrá sentido ese hombre en los últimos momentos. ¿Qué sentiría yo en su lugar? Tirado ahí, traicionado por mi cuerpo, inmóvil. Sin poder evitar que la vida se me escurriera por las heridas mientras el asfalto quema mi espalda. Sin poder ver otra cosa que el cielo. Intentando descifrar las palabras incomprensibles de mis hijos y de una señora extraña rezando a mi lado.
Y si llegara a pasarme algún día, ¿tendría al menos esa suerte?

Excelente y triste relato a la vez. No me sorprende la calidad humana de tu familia, porque como estan las cosas, no cualquiera se anima a hacer eso de prestar ayuda y de la manera en que lo hicieron. Las cosas pasan en el orden en que suceden por alguna extrania razon, y si no te toco estar ahi, no te toco y ya. Yo solo espero que esto termine pronto, ah pero que coraje da, que pronto se nos acabo la "luna de miel" con los Indios, de vuelta a la realidad, una realidad que no nos merecemos, que no queremos, y de la que ya estamos hartos.
Mucha suerte en la obra, aqui seguimos...
Mr. Magoo...
mayo 31, 2009 7:10 PMhoy hablaba de eso con un compañero de aqui del trabajo que le toco prescenciar el asesinato de una mujer policia, el iba en un camion y desde ahi vieron todo, y pensaba eso... porque no me baje a sostenerle la mano... que tal que cuando nos fuimos (porque vieron TODO) Aun seguia viva
que feo nos estamos haciendo como piedras...
Victoria
junio 01, 2009 2:05 PMMagoo y Vicky--
Creo que por eso que ahora, más que nunca es importante no perder la compasión por los demás. Cuando estaba re-contando esta historia mi hermana este domingo, mi sobrina le preguntó "¿y no te dió 'algo' acercártele al señor?" y mi hermana le contestó algo así como: "En esos momentos no piensas en esas cosas, piensas que están sus hijos ahí y nadie está con ellos. Todo lo demás queda de lado". No hay que perder la compasión por los que son víctimas de esto, y por ellos debemos redoblar el coraje y la intolerancia con los jijos de suchi que causan estas tragedias.
Carlos Rubalcava
junio 02, 2009 10:59 PMEs cierto, que rabia que estos episodios se esten volviendo tan comunes. Tantas vidas arrancadas. Me intrigo eso que dijiste, que hariamos si estuvieramos ahi en medio del asfalto y viendo como la vida se te va. Me hizo recordar eso, que yo nunca habia visto, pero tuve la desgracia de verlo, aunque no fue con una persona muerta en esas circunstancias, pude ver como se le iba lavida a una persona que yo apreciaba mucho, es horrible, lo peor...
maru de chocolate
M a r u
junio 10, 2009 11:10 PMAy my God!!
Que cosa tan terrible!!!
Yo tan contenta que estaba porque las cosas en esta ciudad estaban un poco compuestas pero pues ya ves!!!
Pobre hombre!!
Bery Rodriguez
Saludos y un abrazo.
Anónimo
junio 22, 2009 9:15 PMuppps, ni Dios lo quiera que te pase algo así. Es muy lamentable lo que está sucediendo, y nadie estamos excentos de nada, pero mejor ser optimistas.
cuidate, saluditos.
circe
Anónimo
julio 15, 2009 11:30 AM