Lo que permitimos
Guerra. Odio esa palabra. La odio porque los políticos, los presidentes y los periódicos la han malgastado tanto que la gente ya no sabe lo que en realidad significa.
Guerra significa muerte. Nosotros contra ellos. Guerra significa que mi familia está en peligro y que yo mismo agarraría un fusil para protegerla. Mexicanos al grito de guerra. Mexicanos yendo a la muerte.
Los encabezados se han vuelto todo números. Recuentan el número de víctimas. "Van ocho...". "Muere uno en Parral". "Mueren tres en Villa Ahumada". "Quince más...". Convertimos a los muertos en números para no recordar los nombres y así poder olvidarlos. Y no nos molestaban porque solo eran narcos ¿verdad? Los encajuelados y los levantados, se sabía, andaban en el tocadero y cuando andas en el tocadero tarde o temprano te toca. Eso es lo que sabíamos. Y con el paso de los días y de los años permitimos que todo esto sucediera. Yo permití que esto pasara.
—Por mi, que se maten entre ellos y nos dejen en paz—.
Pero estas últimas semanas algo ha cambiado. Las víctimas ya no son sólo narcos. Ahora los muertos son gente que no andaba en el tocadero. Empresarios. Niños. Un lavacarros. Estos últimos días siento que la guerra está sobre nosotros. Lo ha estado ya por un tiempo, pero no lo quisimos ver.
—No mames, dos en una semana—me dijo mi hermana, refiriéndose a un conocido y un amigo de ella de más de veinte años que habían sido baleados sin ninguna razón aparente. Ella es gerente de un bar, al igual que lo eran ellos. —¿Defiende mi reputación, eh mamá? Dígales que que yo no andaba metida en nada—le dijo bromeando en serio para que no se preocupara y para canalizar su propio miedo ante el simple hecho de que ir a trabajar podría costarle la vida.
Dos días después mataron a Willie Moya, su jefe y amigo. Willie era el dueño de muchos centros nocturnos y no andaba en negocios turbios. Él y ella se conocían desde los ochentas, y lo estimaba enormemente. Cuando él accedió a comprar la mitad del bar, lo hizo con la condición que mi hermana fuera la encargada. La noticia de su muerte la arrasó. Entre llantos e incredulidad se asomó el dolor que sentía. —"No hay que entrar en pánico" nos dijo cuando empezó todo esto... ese cabrón era el hombre más bueno que había.
—Yo creo que estaría bueno que te tomaras unas vacaciones de unos seis meses... o que te vengas a trabajar conmigo—le pidió mi prima por teléfono. Otro tío aconsejó lo mismo.
Y fue entonces cuando no pude evitar preguntarme ¿por qué?
—No es posible que una persona que ha trabajado honestamente toda su vida tenga que sentir miedo por unos cuantos cobardes. ¿De qué otra forma podría llamarle a aquellos que atacan a personas desarmadas? La gente ya no sale a las calles. No es posible que dejemos que nos roben nuestra libertad. ¡No es posible!
—No te quejes de lo que toleras—me recordó otra voz en mi cabeza.
Dicen que cuando alguien te amenaza puedes tener dos reacciones: miedo o coraje. Yo escojo coraje. Me es más productivo.
—Más vale morir de pie que vivir de rodillas—.
—Ya rezamos suficiente, carajo—.
—Tu sabes que Diosito nos escucha pero ¿qué demonios, exactamente, es lo que queremos que Él haga? ¿Mandar una legión de ángeles?—.
—Esos sí son cabrones, nomás ve lo que que hicieron con Sodoma y Gomorra—.
—Y si le reclamáramos: "¿Porqué no haces nada?", probablemente nos contestaría: "Por supuesto que hice algo, ¡te hice a ti! ¿O a qué crees que me refería con ayúdate que yo te ayudaré?"—.
—Necesitamos hacer algo. El señor presidente ha declarado la guerra al narco. Diez años tarde, pero finalmente lo hizo. Sin embargo, no es suficiente declararla, hay que tomar medidas para ganarla. ¿Dónde está la ofensiva del ejército? Quiero empezar a ver otro tipo de encabezados: "Mueren 8 narcos en enfrentamiento con el ejército..." "Quince narcos muertos en Villa Ahumada..." "Siete más..."—.
—¿Por qué no declararlos como traidores? Después de todo, aquellos que aterrorizan al pueblo mexicano son precisamente eso, traidores a la patria. Una vez declarados podríamos fusilarlos. Públicamente. O decapitarlos y dejar sus cuerpos en la calle, como lo hacen ellos. Recuperar el monopolio de violencia—.
—Y si el gobierno, la policía y el ejército no nos defienden, por corrupción, cobardía o incompetencia, ¡que se levante una revolución, chinga'o! ¡Como las de nuestros abuelos! ¿Qué pasaría si los nos alzáramos contra el narco? ¿Qué pasaría si los mexicanos nos diéramos cuenta de nuestro poder, de nuestros números y decidiéramos arrancar este cáncer de nuestro país?—.
Mexicanos, el acero aprestad y el bridón, que existe un enemigo que profana este suelo: nosotros.
Antes, patria, que inermes tu hijos
Bajo el yugo su cuello dobleguen
Tus campiñas con sangre se rieguen
Sobre la sangre se estampe su pie.
Y tus templos, palacios y torres
Se derrumben con hórrido estruendo,
Y sus ruinas existan diciendo:
De mil héroes la patria aquí fué.
Sangre y matanza. Quizá eso es lo que siempre hemos sido. Desde los Aztecas hasta la Revolución y los cincuenta o sesenta años que le siguieron. Quizá esta no es más que la guerra de nuestra generación.
—Pero ojo por ojo y todo el mundo acabará ciego—.
Muy adentro de mi hay una voz que susurra.
—Existe algo más fuerte que todo este miedo, coraje y dolor. Algo más poderoso que cualquier capo. Recuerda: el amor—.
Sin embargo, siento que soy demasiado simio para saber cómo hacerlo brotar.
Comencé a soñar y me vi parado en la esquina de la Triunfo de la República y Plutarco Elías Calles. Caminaba por entre los autos que se detenían en cada semáforo y llevaba colgado un anuncio enorme en el pecho y la espalda, cada uno con un mensaje. En el frente tenía pintado un blanco y decía: "Hermano narco, este día podrás matarme, podrás callar a alguien como yo..." "...pero recuerda que el Señor es más poderoso que tú y que tus jefes, y hará justicia en esta vida o la siguiente."
—Arrepiéntete y cambia, antes que sea demasiado tarde. Que después ni tus santos ni nosotros tus hermanos podremos hacer algo por ti. Te amo, hermano. Así que pidamos perdón al verdadero Jefe, antes que decida atender nuestras plegarias y nos inviten a todos a pasar a La Chingada.