viernes 2 de mayo de 2008

Crónica de Coachella 2008: Prólogo

Ya me había resignado a quedarme en casa durante mis vacaciones. Había pedido en el trabajo los días que aún "me debían" del año pasado y que perdería si no los usaba. Así que cuando mis mejores amigas comenzaron de voladas con que querían ir al festival de Coachella, en Indio, CA., aparté esas fechas para poder ir. Como de costumbre yo soy el chofer de las aventuras.

—Nomás que tenemos que comprar los boletos desde unos dos meses antes porque se acaban—les dije. Y les dije y les dije. Pero se hicieron locas y al mes los boletos de un día ya se habían agotado.

—Los de tres días están muy caros... yo solo quiero ir dos—fue la primer excusa. Seguida por varias otras.

—¡Ah no canijas, ahora me cumplen o me dejan como estaba!

—Vamos mejor a Oaxaca, a Puerto Escondido.

—No mejor a Puerto Peñasco.

—Ya sé, a la sierra.

—A Mazatlán—. El plan cambiaba cada vez que platicábamos.

—Pinches morras... ¡váyanse a la goma pues!—y le hablé a Raquel para decirle que mejor iba a visitarla unos días a Chihuahua.

El primer día, el miércoles, me empeñé en descansar y no hacer absolutamente nada de provecho. Me la pasé arreglando pendientes de la casa que nunca resolvía por falta de tiempo y matando el tiempo en la computadora. Y en eso se me ocurrió meterme al Messenger para ver quién estaba conectado.

Estaba platicando con Alexa un ratito sobre mis planes alternos de imitar un perezoso, y a los pocos minutos comencé a recibir mensajes de Pepe, mi "ex-cuñao":

—¿Quihubo? ¿Qué milagro?

—No pos aquí malgastando el tiempo un rato. Había pedido estos días para ir a Coachella, pero se me rajaron mis amigas.

—Ah simón, un compa y yo vamos a ir.

—¡Malditoooo, te odio!

—Sí, vamos a rentar un auto y manejar hasta allá.

—Ah chinga', ¿pos qué están locos? ¿Rentar auto? ¿Por qué?

—Porque los camiones tardan mucho y no llegamos. Traemos como 200 dólares.

—No manches eso sale carísimo... yo tengo auto, lo que no tengo es cash, porque me acaba de despelucar el maldito IRS... me tocó pagar "taxes" de nuevo y tuve que dar como 600 dólares.

—Qué mal pedo. ¡Pues vámonos! Vente con nosotros.

—Pues sí, ¿verdad? Les sale más bara a ustedes. Si ponen la gas yo pongo el auto—. Mi mente inmediatamente entró en modo de ingeniero de logística: "Con mi tarjeta de crédito podría alcanzar a pagar los boletos de entrada... apenas. Tendría que llevar el auto a que le cambien el aceite porque ya le toca el cambio. Chin, tengo que comprar las cosas que me había encargado mi hermana de El Paso ahorita mismo, en vez de mañana, como lo tenía planeado... A ver, ¿cuánta lana me queda...?" —Pues yo puedo cooperar con como unos 60 dólares que es lo que me queda. Oigan, ¿y ya saben dónde se van a quedar?

—Pues habíamos pensado vagabundear.

—¡Estan locos! Con la cantidad de raza de fuera de la ciudad que va a haber en ese pueblucho la policía va a andar especialmente payasa. Y a estas alturas no va a estar canijo encontrar un hotel para reservar... quién sabe en cuánto anden...

—¿Y si nos quedamos acampando?

—Podría ser. ¿Tienen equipo?

—No pero en el camino nos detenemos en un Wal-Mart o algo así.

—Hmmm... a ver... los boletos para el área de acampar andan en 55 dólares por piocha, pero son para todo el fin de semana. Igual y sí se arma—. Después de todo, qué es una aventura sin algo de incertidumbre. —Aparte, muchas de las personas solo van a ir para los últimos dos días, así que igual y sí encontramos un hotel.

—¿Entonces cómo le hacemos? ¿A qué hora nos vamos?

—Pues no sé... yo estoy de vacaciones, así que tú dime.

—Yo tengo clase mañana, y tengo que ir al laboratiorio pero me desocupo como a las 11 de la mañana. Luego voy por este güey al puente porque viene desde Monterrey.

—Sale. Yo aprovecho la mañana para llevar el auto a que le hagan el servicio y los recojo allá. Ahorita deja compro mis boletos para el festival y te marco más tarde para ver qué onda.

—Chido. Nos vemos.

Y sin querer queriendo se había armado el viajecito. Le conté rápidamente a Alexa que seguía en línea. Comencé a acelerarme porque ahora había más pendientes que resolver: necesitaba hacer mis maletas, comprar los boletos por Internet, buscar dónde imprimir mis boletos porque no estarían listos sino hasta el viernes que comenzaba el festival, buscar hoteles potenciales, direcciones de manejo y mapas de dónde era el evento y cómo llegar desde El Paso hasta Indio. De lo que recordaba de la útlima vez que fui, hace cuatro años, era sencillo: tomas el I-10 rumbo al oeste unas 700 millas, casi hasta donde se acaba el país.

En todo el merequetengue, no me había percatado que Raquel se había conectado y también estaba ahora en línea.

—¿Qué crees? Siempre sí me voy a ir a Coachella.

—¿Cómo? ¿Siempre sí van a ir?

—No, con tu prima y el resto de las viejas locas no. Pero, ahorita se acaba de armar con otro amigo.

—¿Y yo qué?

Demonios. Ya no había presupuesto para picharle el viaje como inicialmente lo planeamos. Comencé a pensar de dónde sacar lana... —Se me hace que ya no alcanza el varo...

—No, no me refería a eso. ¿Ya no vas a venir a verme?

—Umm...—más demonios—se me hace que no. Nos regresaríamos el lunes para llegar acá en la noche y tengo que ir a trabajar el miércoles. Pero igual y puedo ir la semana que entra...

—Ah, ya no te hagas pato y ve.

Maldición. Debí haber anticipado ese subtexto de "te doy 'permiso' pero me las vas a pagar". Ni modo, lo hecho, hecho está. Ya está apuntada la chancla y ahora no hay vuelta atrás.

 

 

Me desperté temprano la mañana siguiente para hacer todo lo necesario, y todo procedió de acuerdo al "plan". Para la 1 p.m. quedamos en vernos en el Whataburguer de la calle Mesa, el que está justo afuera de la Universidad de El Paso, donde Pepe está estudiando.

Pepe (aún me cuesta un poco de esfuerzo no decirle Babudas, que era el apodo con el que llamaban sus hermanas) es el hermano menor de Sandra, un amor que desde hace ya varios años tuve que guardar en un rincón especial de mi. Lo conocí cuando él tenía como unos trece o catorce años y todavía estaba en secundaria. Era un niño en aquella época. Extrañamente, después de romper con su hermana seguimos siendo amigos. De alguna forma nos unía el sabor y la pasión por la música y cuando él todavía estaba en prepa nos echamos varios viajes a Las Cruces y a Albuquerque, para ver a "bandas" tocar. La última vez que lo había visto fue en la época navideña, hace como dos años, cuando me lo topé a él y a su novia en Barnes & Noble. Nuestra conversación fue breve, pero me platicó que estaba estudiando física en UTEP, y lo extraño es que lo intuí por los lentes que ahora usaba. Ahora estaba ya a punto de gradurase e irse a Europa a estudiar una maestría.

Llegamos al Whataburguer apenas con un minuto de diferencia. Lo vi aproximarse por la calle University acompañado de un sujeto también de lentes, pero con barba talibán-esca.

—Mira, este es Baylón.

—¿Qué rollo? —¿Qué tal?

—¿Qué onda, cuál es tu auto?

—Pues el más marrano—. Uno de los pendientes era lavarlo para quitarle una o dos de las tres capas de tierra que traía, pero no me alcanzó el tiempo.

—Vamos por el mío para dejarlo en casa de mi tía ¿no?

—Simón. —Arre.

Procedimos a dejar encargado el auto en casa de su tía Teresa. Luego una breve pausa en Wal-Mart para abastecernos de chuchulucos. En el camino nos topamos a Alexa y su suegra en un semáforo.

—¿Qué onda? ¿No se iban ayer?

—No. Ahorita. De hecho ya vamos para allá.

—¡Qué padre! Yo quería ir... que se la pasen a toda madre mijo. ¡Me traes algo! ¿Eh?

—Ándale pues...

 

 

Pasaban ya de las 2:30 p.m. cuando agarramos carretera. Aún nos esperaban unas diez horas de viaje y tres estados que cruzar, así que había que mantener el paso y parar lo menos posible.

Baylón resultó ser amigo de Pepe de la prepa. También le había dado por ser físico, pero estudió en Monterrey. Dos físicos y un inge en un auto parecía casi un chiste clásico de geeks. En algún momento del camino estaban haciendo construcción en la carretera y tenían uno de esos dispositivos que dice a qué velocidad va cada cocche:

—Me pregunto cómo jalan esas cosas—dijo Pepe.

—No sé...

—Pues dos radarazos, ¿no?—contesté yo. —Con eso puedes determinar la distancia y la velocidad...

—¡Ah sí!—exclamó Baylón.

—¿Ya te estabas imaginando lásers y algo diabólico, verdad?—le preguntó Pepe, dando a entender que también había pensado algo similar.

—Ay, ¡físicos! Por eso nos necesitan, para encargarnos de los detalles prácticos.

Paramos solo un par de veces, una para cargar gasolina y otra para comer y aguantar hasta la noche. Baylón durmió la mayoría del camino en el asiento trasero, recuperándose de la desvelada y de tener que tomar un vuelo a las 5 a.m. desde Monterrey para llegar a Juárez.

Platicamos de mil cosas en el camino, mientras yo manejaba y Pepe permanecía en el asiento del copiloto. Diez horas en auto llevan a conversaciones interesantes, especialmente cuando llevas literalmente años sin platicar con alguien. Sin haberme dado cuenta, Pepe se convirtió del chavito que solo era "el hermanito de Sandra", a un amigo con el que ahora me podía ir a echar unas cervezas. Filosofamos bastante y platicamos mujeres y de la vida. Es extraño oir las historias y los acontecimientos de lo que en algún momento fue también tu familia. Escuchar cómo ha cambiado cada quién, para bien o para mal. Hasta le platiqué algunas historias que nos había contado su abuelo cuando Sandra vivía con él. Era como contar las aventuras de mi propio abuelo, al que nunca conocí en persona.

Por aquello de las 9 p.m. sugerí que decidiéramos dónde íbamos a pasar la noche. Le di la lista de hoteles en el área a Pepe y él comenzó a marcar a cada uno de ellos usando mi celular. Las conversaciones parecían repetirse.

—Hi. Do you have rooms available for tonight? No? Thanks.

—Hi. Do you have rooms available for tonight? You're all booked? Thanks.

—Hi. Do you have rooms for this weekend? And what's the rate? 219 per night? Thanks.

—Hello, do you have rooms available for tonight or this weekend? Just one? And how much is the rate on that? OK, thanks. 230.

Era claro que las opciones de hospedaje estaban totalmente fuera del presupuesto. Acampar podía ser una opción, pero llegaríamos cansados y pasada la media noche así que tampoco era muy atractiva la idea.

—Pues yo tengo familia en Indio—dijo Baylón—pero nunca los he conocido.

—¿Ah sí?

—Sí, una heramana de mi abuela vive ahí con otra tía. De hecho mi abuela habló con ellas para avisarles que veníamos, pero pos me da un chorro de pena pedirles que nos quedemos ahí porque no me conocen.

—Pues se me hace que no nos va a quedar de otra.

—Está bien—. Tomó mi teléfono y comenzó a marcar. —¿Hola? Qué tal, habla Javier el nieto de Amelia... Creo que le avisó que iba venía yo a Indio... Oiga, sabe que me da mucha pena, pero vengo con unos amigos y no encontramos donde quedarnos esta noche, ¿estaría bien si nos quedamos con usted...? Hijo, muchas gracias. ¿Cuál es su dirección...? Muy bien, nostros estamos como a dos horas de llegar, ya casi salimos de Arizona, entonces llegamos como a las doce treinta o una de la mañana tiempo de ustedes... Muy bien, ¡gracias!

—¡El destino!—le dije al Babudas. —Cuando algo quiere pasar, pasa.

Al llegar a Indio nos detuvimos en una gasolinería a comprar un mapa detallado del área y a estirar las piernas. La calle Géminis quedaba cerca, apenas a unas cuadras de la salida de la carretera interestatal para llegar a la 111.

Nos recibieron Doña Rosa y su hija Lola. Doña Rosa era una octagenaria de cabello plateado, originaria de Meoqui, Chihuahua, a juzgar por el acento. Ambas vivían en un departamento de dos cuartos y nos habían cedido uno de ellos para que durmiéramos en él. Era claro que había pasado su hora de ir a dormir.

—Pásele, pásenle, que esta es su casa. ¿Cómo les fue de viaje?

—Bien, Gracias a Dios, un poco largo pero ya estamos aquí—contestamos.

—A ver Lola, pónles unos cojines más para que puedan acostarse. ¿Ya cenaron?

—Sí, comimos algo en el camino.

—Bueno pásenle si quieren a dormir, que yo creo vienen cansados. Pero, ¿sí cabrán bien en ese cuarto?

—Nosotros nos acomodamos, usted no se preocupe.

—Está bien. Buenas noches entonces.

 

(Continuará...)

5 comentarios -- da clic aquí para dejar el tuyo:

Esto esta muy interesante, como se van dando las cosas para el viaje, y el hospedaje y todo lo demas, en serio que el destino, es curioso pero asi pasa cuando sucede que no? jejejejjejeje
Muy buena historia, ya me dejaste pica... y como estuvo el wateke? se quedaron los demas dias ahi con las tias abuelas? acamparon? como estuvo el material de tostado? jejejjejeje fueron a que martha los reganie? jajajja en fin, ahi nos cuentas.
Saludos

mayo 05, 2008 10:25 AM  

que malo!
me dejaste en ascuas...
espero que el trabajo te deje escribir lo demas y no nos toque leerlo en verano, jajajajaja

Victoria

mayo 05, 2008 11:32 AM  

Ya sé... lo que pasa es que dejé mis fotos y videos de todos los conciertos en la laptop del Pepe, y quiero incluirlos en los siguientes posts...

Aparte que me estuve preparando estos días para audicionar para una parte en una obra en Las Cruces... la cual obvtuve! Así que ahora voy andar yendo hasta allá casi todos los días... luego les platico también :)

mayo 05, 2008 4:35 PM  

Hola Carlos... pues...
primero que nada mucho gusto. en serio me gusto mucho tu post de las generaciones...en serio que me siento super identificada contigo y con mis futiros niños de generacion w...
De tu viaje... pues muy padre, nomas no nos vallas a dejar colgados, sale???

Saluditos desde el bars...

mayo 08, 2008 10:07 PM  

Nos dejaste bien picados, sí que es kamikaze ir al Coachella. Esperamos la continuación.

mayo 20, 2008 11:10 PM  

Entrada más reciente | Entradas antiguas | Página principal