miércoles 25 de julio de 2007

Hasta que se acabe el tanque

¿Lo ves? Te dije que no sería por siempre. Solo te llevó qué, ¿cuatro meses? Cuatro meses y ya me superaste. Ah, ya sé que te gustaría pensar que aún estás clavada conmigo, pero, a ver, ¿a quién estamos engañando?

Así que aquí estoy, manejando a 150 kilómetros por hora por una carretera casi desierta y me estás platicando por el celular cómo te besuqueaste con él. Y conscientemente me siento feliz por ti. Es lo que quería para ti. Y en cierta forma es lo que quería para mí. Quería ser libre de tener que cargar con tu felicidad, de soportar tus llamadas casi diarias donde sólo hablábamos banalidades incómodas porque ya no había más que un afecto como de amigos y ya. Libre finalmente, de tus depresiones y de la frustración de no poder ayudarte, de verter todo mi amor en ti y no llenar ese hoyo que llevabas dentro. Y lo único que te digo, cuando me pides mi consejo sobre qué hacer ahora, es que lo busques, que le hagas la lucha y vayas tras tu felicidad. Es en este momento que no sé si estoy siendo increíblemente noble o increíblemente imbécil.

Lo veía venir. Esta semana fui yo el que te habló por teléfono y no me regresaste las llamadas. Pero aún así creo que no quería aceptar que aunque fui yo el que te dejó ir, no era yo el que te había perdido. Hasta hoy. Te dejé ir, pero permanecías ahí, y sabía que tu vida aún giraba alrededor mío. Ahora ya no hay nada que satisfaga mi ego, ya no hay ideas románticas y cursis que me consuelen. Ahora solo queda la realidad. Y para impedir el infarto hago lo único que sé hacer: me sigo moviendo. Me ocupo, hago esto y aquello, cualquier cosa menos quedarme quieto. La vida es movimiento y la quietud es la muerte. Así que ahora hago deportes, regresé al teatro y me desvelo haciendo cosas del trabajo. Me tengo que seguir moviendo, sin importar lo cansado que estoy ya. Manejando a toda velocidad hasta que se acabe el tanque y finalmente quede varado en este camino. A ver entonces qué seguirá.

agosto 2007 | mayo 2007 | Página principal