No good deed goes unpunished.
[Ninguna obra buena pasa sin ser castigada.]
—Clare Boothe Luce
Quizá me siento extraño porque es la primera vez que he perdido una amiga a causa de mis acciones. Generalmente son mis inacciones la causa. Dejas de frecuentar a la persona y comienzas a perder contacto. En algún lugar del camino la archivas en el pasado y, eventualmente, en el olvido.
Pero esta vez parece ser diferente. Será que no estoy acostumbrado a terminar mis relaciones en mal tono. Quizá por eso siento la necesidad de escribir la historia. Para ver si así finalmente se me quita el sentimiento de ¿andaré mal o estoy haciendo lo correcto?
Primero, algunos antecedentes. Tengo una amiga que vive en Chihuahua. La conocí hace como cinco años a través de su prima, quien es una de mis mejores amigas. Nos hicimos cercanos, y la relación se tornó de esas extrañas: a veces éramos amigos y a veces un poco más—generalmente cuando su novio de toda la vida no la atendía apropiadamente, según mis observaciones. Eso fue hasta hace como un año, cuando necesitaba decidir si seguir clavado a una idea o de mejor seguir adelante.
Ella me pidió el favor y mandó el dinero para comprarle una laptop. Cuando le dije que a ver con quién se la enviaba, me dijo:
—¿O sea que no vas a venir?
—No. ¿Para qué? En serio, ¿para qué quieres que vaya? —¿Vamos a seguir de compas nada más o qué?
—Pues, ven y acá platicamos.
A pesar de andar ocupado con la chamba y los ensayos de una obra de teatro, fui a pasar allá el fin de semana.
El sábado vino y fue, y no tuvimos “la plática”. El domingo trabajó hasta noche y me alcanzó en el hotel donde yo estaba terminando de configurar su máquina. Unos 30 minutos antes que llegara comencé a sentirme mal, y para cuando ella estaba disfrutando de checar hi5 en su compu nueva, yo ya me sentía bastante enfermo. Fui solo a la farmacia del Smart que se encontraba enseguida, mientras Ella se quedó con su juguete nuevo.
Cuando comenzó a hacerse tarde, le dije:
—Oye, tú y yo todavía tenemos que platicar.
—Ay, no la hagas, ya es bien tarde. Ando bien cansada, mejor mañana platicamos.
Ella sabía que yo tenía que regresar a Juárez temprano y que ella tenía que ir a la escuela. Pedí un taxi que la llevara a su casa.
—Me dice que venga hasta acá para que platiquemos, ¿y a la hora de la hora le saca al parche? ¿Entonces para qué jodidos hace que eche el viaje? Bueno, igual y sí me dijo lo que quería, aunque no lo hizo con palabras. Compas, pues.
Y desde entonces me hice a esa idea.
Unos meses después me mandó unos mensajes para decirme que andaba bien triste porque el Susodicho Ex-novio había embarazado a otra chava y se iba a casar con ella. “Ahora entiendo muchas de las cosas que me decías”. —Qué lástima que demasiado tarde.
La noche del martes 28 de octubre falleció su hermano. Bueno, lo fallecieron como está pasando ahorita, junto con un amigo y un abogado. Él no andaba metido en nada, pero eso no parece importar. Lo conocí solo un poco. Era buen chavo. Le gustaba jugar futbol americano y andar en motocicleta. Cuidaba de sus hermanas y su mamá. Me agradeció mucho que las llevara a visitarlo cuando estuvo retenido involuntariamente en los yunaited. Dejó una esposa y un niño pelirrojo de 4 años.
Su prima me dió la noticia cerca de medianoche, así que hablé por teléfono para ver cómo estaba Ella:
—¿Cómo crees?—me contestó.
—No pues, ni me imagino. No creo poder decirte nada, excepto que te quiero mucho.
—Gracias. No puedes venir, ¿verdad?
—No. Ahorita no me van a soltar en el jale. Pero el viernes va mi mamá a Camargo para Día de Muertos. Igual y me voy con ella y me quedo de paso.
Así que ese fue el plan. El viernes llegamos muy noche mi mamá, mi sobrino y yo en el auto. Como llegué cansado de la manejada no pude verla sino hasta el sábado en la mañana. Cuando llegué a su casa, estaban su mamá, su cuñada, su abuelita y una tía que no me conocía (todas las demás me conocen creo). Cuando entré, su abuelita se soltó llorando conmigo.
—Se llevaron a mijo—me decía. La abracé, tratando de consolarla.
—No se preocupe, solo se nos adelantó. Al rato lo alcanzamos todos—. Ya sabía que nada de lo que pudiera decir serviría de mucho.
La mamá tampoco se veía muy bien. Llevaba varios días sin dormir. Andaba preocupada. Me pidió que si podía traérmela a Ella, a su cuñada y sobrino de regreso a Juárez a que se quedaran una temporada acá con familiares. La prensa había intentado encontrarle relación al incidente para implicar a algún funcionario del gobierno, que resultó ser pariente de la cuñada. Absolutamente nada que ver. Desafortunadamente creo que los reporteros solo cumplían con su papel de carroñeros de la miseria humana, pero aún así estaban ejerciendo presión. Le dije si no les molestaba ir un poco apretadas en el auto, con todo gusto.
Pasamos la primer mitad del día yendo de aquí a allá. Encargando perros, peces y hasta una tortuga con amigos. Luego a casa de la cuñada a recoger lo que se llevaría. Para las tres de la tarde el estómago comenzaba a rugirme.
—Deberíamos de llegar por una cubeta de pollo, o algo así. Tu mamá no ha comido nada y tampoco nosotros.
—Pues vamos a la casa a ver qué quiere.
En cuanto entramos por la puerta me dice la mamá: —Carlitos, ¿van a comprar pollo o algo para que comamos?—. Me dió risa la sintonía que traíamos. —Claro que sí—.
Fuimos hasta no sé dónde por la comida, y para cuando veníamos otra vez de vuelta a ambos nos rugía la panza. Ya en la casa, sacaron algunos platos de plástico. Me distraje con el sobrinito, y para cuando voltié Ella ya estaba comiendo. Me pasó un plato vacío.
—¿Y esto?
—Pues para que comas.
—¡Pero se da con comida, mujer!—y le hice un gesto de falso fastidio, jugando en serio. —Jijos, ya ni por que anda uno de chofis tuyo todo el día, jejeje—.
—Ay es que ya tenía mucha hambre.
—¿Y qué, no se te ocurrió que yo también?
Después de la comida nos quedamos en la sala. Se acostó con la cabeza en mis piernas para que la chipileara un rato y para acurrucarse con la gata.
Platicamos de esto y aquello. Comenzó a contarme que andaba molesta con el Susodicho Ex, porque sólo le había mandado algunos mensajes de texto al papá. No había intentado comunicarse con ella ni siquiera para darle el pésame.
—Creo que voy a quedar más traumada por lo de Susodicho que por lo de mi hermano—me dijo. Quedé atónito. Creo que leyó la expresión en mi cara, porque continuó: —Con lo de mi hermano no hubo nada que yo pudiera hacer, pero con Susodicho sí—.
—A ver, a ver. Tú misma me dijiste que lo anduviste buscando después de lo de esta otra chava y que no quiso hablar contigo. Ahora esto de los mensajitos de texto. Para ti, ¿eso qué significa?
—No sé.
—Sí sabes. ¿Qué te está diciendo con esas acciones?
—No sé.
—No te hagas loca. ¿Qué significan?
—Que no me quiere.
—Exacto—. Quise decir más, pero sé que lo hubiera malinterpretado. —Tú sí que andas mal, te traumas por un baboso que no te quiere, pero ¿te pones fuerte al perder a tu hermano, que te quiso toda su vida? No entiendo.
Ya oscurecido, fuimos a una misa que hicieron en nombre de su hermano y de del amigo de él. Como a mediados de la misa la cuñada comenzó a marearse, así que la acompañé afuera hasta que se recuperara. Duramos ahí un rato hasta que la misa terminó y salieron Ella y el resto de la familia.
Luego me pidió que si la llevaba a lugar donde había estado trabajando. Le debían un dinero y quería ir a recogerlo. Naturalmente accedí. En el camino pasamos por un lugar donde vendían discos piratas, y donde, a forma de promoción, tenían a Timbiriche a todo lo que daba en la calle.
—Timbiriche. ¿Por qué hacen eso? ¡Guácala!—le dije.
—¿Por qué? ¿Qué tiene?
—Me caga la madre. Se me hace que representa de la peor música que pudo haber producido México. Música completamente comercial mercadeada para chavalos que no sabían de nada mejor. Que no aportó nada artísticamente y solo sirvió para vender discos—
—Pero no por que no te guste deberías hablar mal de ella.
—¿Por qué no? ¿Si es lo que pienso?
—Ash. ¿Por qué nunca podemos estar de acuerdo en nada?
—Pues porque entonces esto sería demasiado aburrido—.
Me reí, pero ella se quedó callada.
—Oye… nomás que donde trabajo, trabajo con puros chavos.
Puse cara de: —¿Y?
—Pues no sé, la vez pasada andabas bien raro.
—Ay, corazón, ¿pues qué no me conoces? Ya sabes que para mi tu vida es tu vida. —Digo, las personas que me conocen saben lo mucho que me chocan los celos y que solo una vez en mi vida me han dado. Los celos son para la gente insegura, no manches.
Llegamos al lugar y recogimos su dinero. En el camino de vuelta a su casa, salió en la radio una canción de Julieta Venegas, de uno de los primeros dos discos.
—Mira, la Julieta, antes de que de plano se descompusiera—le dije.
—Sí, ya sé.
—¿Ya ves? Sí hay cosas en las que coincidimos.
El domingo llegué como a las 11 a.m. a su casa. Mi mamá y mis tíos se habían ido a Camargo a limpiar y arreglar la tumba de mi abuela.
Su mamá y ella desayunaron algo leve y fuimos al panteón donde habían sepultado a su hermano apenas el miércoles anterior. Estaba repleto de gente por el Día de Muertos. La tumba aún tenía los ramos y coronas apilados encima de ella. Al llegar, se le doblaron las piernas a la mamá y lloró sobre ellos, intentando abrazar un hijo que ahora estaba más allá de donde lo podía tocar. De ese llanto que se torna en alarido. Ni siquiera puedo imaginar ese tipo de dolor.
La hermana nos alcanzó ahí. Les ayudé en lo que pude. Mientras ellas quitaban las flores a las coronas, yo llevaba lo que quedaba a la basura. Conté 17 coronas. Debió haber sido un gran funeral. El panteón está en lo alto de una loma y desde ahí se podía ver hacia abajo parte de la ciudad. No pude evitar extrañar a mi papá. No estuve con él ese día, pero sabía que entendería.
Cerca de las 3 p.m. le dije a Ella que le hablara a su cuñada para que estuviera lista como a las cuatro, porque mi mamá regresaría más o menos a esa hora de Camargo. Cuando le marcó por teléfono la cuñada, ésta dijo que no quería irse a Juárez, así que se decidió que mejor los tres se quedarían. Para esta hora yo ya tenía hambre. Mucha. Yo no había almorzado.
—¿Llegamos a mi casa primero, nomás para cambiarme? Porque con la asoleada y la tierra no me siento agusto.
—Sí, claro.
—¿Qué quieres comer?
—A esta hora, lo que sea.
—Pues, ¿como qué?
—Lo que sea. Ya con hambre lo que caiga es bueno.
—Pues mira, está Subway, Wendy’s—
—Wendy’s. Ese está aquí de volada—. No me entusiasman las hamburguesas pero “el hambre es canija y más el que se la aguanta”, decía mi abuelo.
Así que después de cambiarse de ropa, llegamos al restaurante. Había únicamente dos personas adelante de nosotros esperando ser atendidas, pero tomaron una eternindad. Se podía ver el caos en la cocina. Gente corriendo de un lado a otro, sin ninguna dirección evidente. Pedí la orden de ella y luego la mía, a mi gusto usual: —Combo tal. Sin pepinillo y sin cebolla. Un frosty. Y ¿me cambias las papas por una ensalada mejor? Gracias—.
Cuando me dieron la orden, algo faltaba. —Oye, creo que les faltó mi refresco.
—Ah, claro. Disculpe. ¿De cuál era?
—Manzana.
Nos sentamos y Ella me estuvo preguntando de algo, pero la detuve. —Espera. Necesito comer algo primero—. Devoré la ensalada y con eso comencé a calmarme.
—Ahora sí. ¿Qué me decías?
—No pues bla bla blah…
Le di la primera mordida a mi hamburguesa. Atacada de pepinillos y cebolla.
—Mira—. Le mostré.
—Pues ve a que te la cambien.
—¿No viste el desmadre que traen? Mejor no—. Y procedí a quitarle los ingredientes indeseables.
—Pues deberías dejarles un comentario en el librito.
—Neh. No vale la pena.
Seguimos hablando de esto y aquello. Cuando terminamos, pasó la monita gerentoide abrazando el libro de comentarios.
—¿Me regalan un comentario?
Y antes que pudiera decir —No—, aquella tomó el libro con un —Sí, claro.
Seguimos platicando y de pronto me pregunta, con pluma en mano: —¿Cómo se escribe tu apellido?—. Voltié a ver la hoja y había comenzado a escribir mi nombre en el mentado librito.
—Oye, pero no quiero dejar comentario.
—Ya sé, pero ¿cómo se escribe?
—Primero con be y luego con u-ve—. Y la veo que empieza a anotarlo. —Pero no lo pongas. No quiero dejar comentario—.
—¿Pero por qué no?—y sigue escribiendo.
—[NOMBRE DE ELLA], te estoy diciendo que NO pongas mi nombre por favor.
—Pero ¿POR QUÉ?
—Por que NO ME IMPORTAN lo suficiente. Sólo le doy retro a las personas que me importan.
—Ay, eres un egoísta. Por eso estamos como estamos.
—Gracias.
—No era cumplido.
—Era sarcasmo.
Cambié el tema de conversación. Ella comenzó a platicarme de un monito en la compañía de agua al que le cerró el ojo para que le ayudara con unas broncas que traían. Le ayudó con algunos recibos que traían atrasados y cosas así. Solo que ahora el monito iba a la casa a ver cómo “habían quedado las cosas”. Medio acosador el tipo.
Regresamos al auto y nos encaminamos rumbo a casa de su tía, donde la iba a dejar.
—¿Qué gacho, no?—preguntó.
—¿Qué?
—Que nomás te busquen para eso.
—¿Eso? —¿Como para ver qué trampan o qué?
—Sí.
—Pues pobre güey. Así hay raza medio loser. Es lo único que pueden hacer. Digo, yo tengo un varias amigas y la mayoría de ellas las frecuento porque me caen bien, no porque quiera nada con ellas. Ahí está Mine, y Vivis, y tu prima—
—Ay sí. Y yo me chupo el dedo.
Me tomó un par de segundos aceptar lo que había dicho.
—¿PERDÓN? ¿Eso qué significa?
—No, nada. Olvídalo.
—No. ¿Qué me estás queriendo decir?
—Nada, olvídalo.
Sin darme cuenta mi corazón ya latía fuertemente. Podía sentir mi pulso en las venas de mi cuello. No me importa lo que la gente piense o diga de mi, pero ya hablar mal de las personas que quiero me prende un cuete instantáneamente.
—¿Bueno pues qué le echaron a tu comida? ¿Primero me dices egoísta y ahora esto? ¿Qué traes?
—Nada.
—Mira, si algo me ENCABRONA es que la gente hable con indirectas y con insinuaciones. Si tienes algo que decir, échalo. —Y aquí nos fajamos pero muere el asunto—. (En cubano fajarse = darse de madrazos, aunque la connotación mexicana también me simpatiza)
—No, olvídalo.
—¿Sabes qué…? Se me hace que mejor te dejo en tu casa porque ya me estoy molestando.
Estábamos solo a unas cuadras. Así que ahí la dejé. Antes de bajarse del auto me dijo: —A pesar de todo, muchas gracias.
No dije nada. Solo le di un medio-abrazo y me dirijí a casa de mi tío. No habían llegado todavía. Pronto me marcó mi mamá para avisarme que apenas estaban comiendo, así que tardarían una o dos horas más.
Así que estaba solo en la casa, dando vueltas como león, con el coraje revoloteando en la panza. Pasó media hora y no se me bajaba. Me calmé lo más que pude, pero cuando era evidente que regresaría a Juárez con ese sentimiento—otra vez—decidí marcarle. No recuerdo totalmente los detalles o el orden de la conversación, porque las emociones se atravesaron, pero fue algo como esto:
—¿Bueno?
—¿Qué onda? Oye… tú y yo tenemos que platicar, porque… sigo bastante molesto y no se me está pasando. Te quiero un chingo pero esta relación no me está siendo constructiva. Y ya estamos desarrollando este patrón de que cada vez que vento a Chihuahua regreso con el coraje atravesado, así que algo tiene que cambiar.
—Pues esa es tu decisión. Tu sabes que te tengo mucho cariño.
—Pues no lo veo. No manches, todavía que vengo hasta acá, en lugar de estar con mi papá o con mi abuela este día—
—¿Ah, o sea que me vas a reclamar eso? ¡Si yo no te pedí que vinieras!
—¿Perdón? —No te lo estoy reclamando. Te lo digo para que veas la importancia que le di a lo que estás pasando. Y todo para que me digas cosas feas. Y no es la primera vez.
—¿Cuáles cosas?
—¿Cómo que cuáles? ¡Me andas diciendo que egoísta y quién sabe qué más! —Digo, si en verdad fuera egoísta, ¿estaría aquí contigo?
—Pues es que conmigo eres un egoísta y un cerrado—
—¡Bah, que la madre! ¿Pues de quién estás hablando, neta? La verdad no entiendo. Pensé que nos conocíamos. Yo no soy así. De plano no entiendo esta diferencia de percepción —¿De quién son estos atributos que me estás proyectando?
—Pues yo tampoco, pero no tengo estos problemas con mis otros amigos.
—Pues disculpa si no soy tan complaciente como ellos. Yo soy yo, no ellos.
—¿Entonces porqué eres así conmigo?
—¿Así cómo? O sea sólo porque no estoy de acuerdo contigo, o porque no hago lo que tú quieres ¿soy un egoísta y un cerrado?
—Tú eres el que me anda haciendo panchitos por cosas sin importancia.
—¿Panchitos? Qué bien. Discúlpame, pero así reacciono yo. No puedes esperar que las personas reaccionen como tú quieres. Tienes que dejarlas que reaccionen como ellas necesitan reaccionar —Y solo porque algo no es importante para ti, no significa que no sea importante para la otra persona.
—¿Entonces porqué en vez de quedarte a platicar de ello te vas?
—Porque tenía que irme.
—¿Y qué quieres que haga entonces? ¿Que te diga que te quiero mucho?
—¡NO! —Con un carajo. ¡Que lo demuestres! —A mi me importa un comino lo que la gente dice. Lo que hace habla más fuerte. Ponte a pensar, desde que tú y yo nos conocemos, ¿qué has hecho por mi, eh? La verdad.
—Pues es que yo no tengo amigos para ver qué obtengo de ellos.
—Claro que sí. Todos lo hacemos. Todos obtenemos algo. —Pero pocos somos lo suficientemente honestos para aceptarlo.
—Entonces ¿qué quieres que haga? ¿Para qué me dices todo esto?
—Pues porque estoy intentando decirte lo lastimado que estoy.
—¿Y tu manera de hacerlo es lastimándome a mi?
—¿Yo a ti? ¿Cómo?
—Pues en el Wendy’s me hablaste muy feo. Y ve ahorita. Estoy tratando de ser fuerte para mi y para mi familia. Estoy pasando por un momento muy difícil con lo de mi hermano, y en ese momento aún con todo mi dolor te hablé porque contigo me siento tranquila y segura.
—Lo sé. Por eso vine. Para ver en qué podía ayudar.
—Pues esto no me está ayudando. No me estás ayudando.
Y ahí lo tienen señores y señoras del jurado. El momento en la historia en el que el cazador se convirtió de alguna forma en el lobo feroz. No me quedaba mucho por decir.
—Tienes razón. Perdóname, no quise lastimarte. Solo espero que siempre recuerdes: te quiero mucho.
Regresé a Juárez con una sola idea revoloteando en mi cabeza. —Quizá no eres tan noble como crees. Quizá no eres tan malo como crees.
El bendito trabajo me mantuvo ocupado hasta en fines de semana por varias semanas, así que no tuve mucho tiempo para filosofar de más. El 14 de noviembre fue el cumpleaños de Ella. Le marqué un par de veces, pero no contestó, así que solo le mandé un mensaje de texto deseándole feliz cumpleaños. No hubo respuesta. Interpreté el silencio.
Este lunes, despues de casi un mes de trabajar como loco finalmente tuve algo de tiempo libre. Recibí un mensaje de su prima de hace como dos semanas avisándome que Ella andaba acá en Juárez, para que le hablara. Y en Facebook recibí una petición de Ella para agregarla como amigo. Inseguro de saber qué significaba aquello, la acepté y le dejé un mensaje en su pared:
—¡Eítale! ¿Qué rollo? ¿Cómo te la pasaste en tu cumple? Te llamé y te mandé un mensaje ese día pero no sé si te llegó. Acabo de ver un mensaje de tu prima (de hace como 2 semanas) de que andabas acá. ¿sigues aquí o ya te regresaste?
La respuesta llegó anteayer como un mensaje en mi pared. Lo leí una vez y lo borré. Esta es la versión abreviada:
—Sí ando acá, pero ni te preocupes en buscarme. ¿Quién crees que eres, el centro del universo? Si no te contesté los mensajes fue por algo, ¿no crees? Nunca pensé que quisieras convertirte en el centro de mi vida, especialmente en estos momentos cuando más necesitaba tu apoyo…
—¿Eh? ¿Centro de tu vida? Houston, creo que la hemos perdido. O me he perdido yo. Otra vez, no entiendo. ¿Para qué pedir que la agregue como amigo, nada más para dejarme mensajes como este?
Pensé en buscarla. Pensé incluso en enfrentarla, de manera que me dijera todo eso a mi cara en lugar de esa forma. Perdonar y pelear por esa amistad como lo hice tantas veces. Pero al final ¿qué ganaría?
Quizá solo me queda una cosa por hacer. Dejar que el tiempo pase. Perder el contacto con Ella. Archivarla en el pasado. Y, eventualmente, en el olvido.